Saltar al contenido
Volver al Blog
Negocio

Lo Que Debería Costar de Verdad una Web

8 nov 20255 min
Lo Que Debería Costar de Verdad una Web

Pregunta a tres estudios cuánto cuesta una web y tendrás tres respuestas muy distintas, normalmente sin desglose. Esa opacidad es un problema para quien compra, así que aquí van nuestras cifras reales y, más útil todavía, el razonamiento que hay detrás.

La respuesta corta

Una web profesional a medida en Países Bajos suele costar entre 1.500 y 10.000 euros, según cuántas páginas tenga y cuánta funcionalidad propia necesite. Nuestros precios publicados están en ese rango: 1.495 € una landing, 2.495 € una web Starter, 4.995 € una Professional y 9.995 € un proyecto Enterprise. Son precios de pago único, sin IVA, acordados antes de empezar el trabajo.

Si solo vas a leer un párrafo, lee ese. Todo lo que viene después explica qué mueve un proyecto de una franja a la siguiente.

Qué estás pagando en realidad

El precio de una web a medida es sobre todo el tiempo de personas cualificadas. Diseño, desarrollo de la interfaz, estructura de contenidos, pruebas en distintos dispositivos, accesibilidad, trabajo de rendimiento y publicación son todo horas, y son justo las horas que deciden si la web acabada es rápida, encontrable y fácil de cambiar.

Por eso una landing y una plataforma de reservas no pueden costar lo mismo. Una sola página bien construida son unos días de trabajo. Una web donde el cliente se crea una cuenta, elige un servicio, escoge una franja horaria y recibe una confirmación es otro tipo de proyecto, con datos, estados y casos límite que resolver. Quien dé la misma cifra para las dos está adivinando en una de ellas.

Qué empuja el precio hacia arriba

Cuatro cosas explican casi toda la diferencia entre una web de 2.495 € y una de 9.995 €.

  • Número de plantillas de página distintas. Diez páginas que comparten una maqueta son un encargo pequeño. Cinco páginas que necesitan cada una su propio diseño son uno mayor.
  • Funcionalidad a medida. Reservas, pagos, cuentas de usuario, paneles, formularios de varios pasos y todo lo que almacene o procese datos. Suele ser, con diferencia, el factor que más pesa.
  • Idiomas. Una web multilingüe no es una web traducida. Es estructura de contenidos, estrategia de URLs, hreflang y un flujo de edición que mantenga las versiones sincronizadas.
  • Contenido. Si aportas los textos y las imágenes terminados, ahorras horas. Si los investigamos, los escribimos y los buscamos nosotros, eso es trabajo real y se presupuesta como tal.

Qué debería estar siempre incluido

Desconfía de los precios de escaparate muy bajos que convierten lo básico en extras de pago una vez te has comprometido. Gastes lo que gastes, esto no debería ser opcional:

  • Un diseño adaptable que funcione en el móvil, no una maqueta de escritorio encogida
  • HTTPS y unos ajustes de seguridad sensatos
  • Los fundamentos de SEO: URLs limpias, metadatos, un sitemap, datos estructurados
  • Un rendimiento de carga razonable con datos móviles, no solo con la fibra de tu oficina
  • Formación para que puedas editar tu contenido sin llamar a nadie

Todo eso va incluido en nuestros proyectos. Si un presupuesto no lo menciona, pregunta antes de firmar.

Los costes recurrentes que nadie presupuesta

La factura del lanzamiento no es todo el coste. Una web también tiene un coste de funcionamiento, y una comparación honesta lo incluye:

  • Alojamiento. Incluido los primeros meses en nuestros proyectos, y modesto después para la mayoría de webs de empresa.
  • Dominio. Una cuota anual pequeña, que pagas tú directamente.
  • Mantenimiento. Actualizaciones, parches de seguridad, copias y cambios pequeños. Puedes hacerlo tú o contratarlo como servicio.

Una web que nadie mantiene no se queda quieta: se va rompiendo poco a poco. No presupuestar nada para los años posteriores al lanzamiento es el error más habitual que vemos.

Cómo estructuramos el pago

Repartimos el pago en tres tramos: 20 % al arrancar, 30 % cuando apruebas el diseño y 50 % en la entrega. Nunca se te pide pagarlo todo por adelantado, y ves y validas el diseño antes de que empiece el desarrollo. El riesgo se comparte en ambas direcciones, que es como debe ser.

Por qué el presupuesto más barato rara vez es el más barato

Una web de plantilla montada deprisa con un maquetador visual puede tener buen aspecto el primer día. El coste llega después: carga lenta en el móvil, arrastra código que no usas, cualquier cambio pequeño necesita un especialista y, en dos o tres años, hay que rehacerla en lugar de ampliarla.

Juzga el coste total a lo largo de la vida de la web, no la factura de lanzamiento. Una web que dura cinco años por 4.995 € sale más barata que dos reconstrucciones de 2.000 € más el tráfico que perdiste por una página lenta entre medias.

Cuándo la opción barata es la correcta

A veces lo es. Si necesitas una sola página para validar una idea antes de comprometerte, coge la landing y gasta la diferencia en averiguar si la idea funciona. Si de verdad solo necesitas una carta, un horario y un teléfono, dilo y lo ajustamos a eso en vez de venderte páginas que nunca vas a editar.

Preferimos presupuestarte con honestidad y conservar la relación a ganar un proyecto que no necesitabas.

Cómo comparar presupuestos

Haz a todos los estudios las mismas cuatro preguntas y las diferencias saltan a la vista:

  1. ¿Qué incluye exactamente y qué es un extra?
  2. ¿De quién son el código y el dominio cuando terminemos?
  3. ¿Qué pasa después de publicar y cuánto cuesta?
  4. ¿Puedo editar el contenido yo mismo? ¿Me enseñaréis a hacerlo?

Si las respuestas son vagas, esa es tu respuesta.

Nuestra postura es sencilla: los precios están en la web, los tramos de pago son fijos, y te diremos cuándo necesitas menos de lo que has pedido.

¿Necesitas ayuda con tu proyecto?

Asesoramiento directo y personal sobre tu proyecto: respuesta en menos de 24 horas, en español, neerlandés o inglés